Nadie conoce a nadie. Nadie conoce a nadie. No he sido capaz de pensar en otra cosa desde que he salido del cine hasta que, después de tomarme solito el superkebab mixto, he abierto el ordenador y me he puesto a escribir.
Quienes somos? ¿Quién es, en realidad, cada uno de nosotros? ¿Quién nos conoce verdaderamente? ¿Quién sabe cuáles son las cosas que nos preocupan, que nos importan, que nos conmueven...? Nadie. A veces ni nosotros mismos. O lo sabemos, pero no nos lo contamos porque nos damos cuenta de que es algo demasiado íntimo.
Los dos protagonistas de la película de hoy están enormes y consiguen que los actores desparezcan para que sólo se pueda ver a los personajes que representan. Aunque ahora que lo pienso, ¿Hasta qué punto es así? ¿No estaré diciendo una bobada al decir eso?
Yo, obviamente, no conocí a Richard Nixon. No sé siquiera si sería capaz de reconocerlo en una foto. Pero en cambio hoy, mirando al actor que hacía de Nixon, tenía la sesación de estar delante del Presidente, de estar viendo más allá de su mirada, de estar asomándome a lo más íntimo de la persona y del personaje. Pero claro, ese no es Nixon, ¿No? Es el actor. Pero el actor si es bueno deja de ser él para ser Nixon...
Dejémoslo ahí, no es momento de enredarse en la relación entre el actor y el personaje, que siempre me ha atraído y por la que siempre he creído que deberíamos de una vez por todas incluir el teatro como materia obligatoria en todos nuestros planes de estudios. Lo que queria traer aquí es que la virtud de esta película está en que en algunos momentos te deja con la sensación de estar asomándote al Nixon real, al verdadero fondo de una persona que ni él mismo conocía.
Ni él ni, por ejemplo, su mujer. Porque si la película refleja la realidad, cosa que desconozco, su mujer era la que menos le conocia de todos. Sale poco, pero en esas dos o tres apariciones es director deja clarísmo que están en mundos separados, de que ella no tiene ni pajolera idea de lo que pasa por la cabeza del hombre con el que se ha casado.
Nadie conoce a nadie, de nuevo. Como aquél día de octubre, o noviembre, en el que esa novela cayó por casualidad en mis manos y me tuvo pensando un par de días. Nadie conoce a nadie, y es en esa cuestión donde reside nuestra verdadera libertad. Ya, ya sé que la libertad del Hombre es una libertad "para". Llamemos de otra forma, entonces, a esa absoluta intimidad, al hecho de que incluso nuestros seres más queridos, quienes convivem con nosotros todos los días y duermen en la misma cama, pasen por delante nuestro sin que muchas veces lleguemos a vislumbrar quiénes son realmente.
La peli es una gozada, las dos horas se pasan volando. Me ha costado un rato quitarme de encima el papel de Tony Blair por el que yo recordaba al actor que representa a Frost, pero cuando lo he conseguido he llegado a olvidarme que estaba en el cine.
Ha sido esta una semana muy completa y muy compleja en todos los órdenes de mi vida. Absolutamente todos. Una semana paradójica en todos los aspectos. Sobre alguno de esos aspectos no podía escribir para no violar esa intimidad de la que hablaba, y sobre otros que sí podía escribir no he querido hacerlo.
Tengo pendiente, eso sí, contar algunas cosas interesantes del almuerzo con Javier Rodríguez Zapatero, el Director General de Google en España. No somos conscientes de lo que está pasando a nuestro alrededor con esta historia de internet.
El sábado por la mañana lloré leyendo un diario. Lloré... No sé bien por qué lloré, creo que simplemente por lo bonito que era, por la ternura que trasmitía.
domingo, 8 de febrero de 2009
El Desafío: Frost contra Nixon (Frost/Nixon)
Publicado por Iñigo en 14:05 0 comentarios
Etiquetas: Las películas del domingo
domingo, 1 de febrero de 2009
Revolutionary Road
Me encanta llegar al cine sin tener ni idea de qué va la peli. Es mejor aún cuando el título no te da pistas, o te da pistas falsas. En este caso sólo sabía que los protagonistas eran los de Titanic.
La película es muy buena, o por ser más exactos a mí me ha gustado mucho. Me ha parecido tan buena como dura, debe ser porque lo que le hace ser buena es lo mismo que le hace ser dura: es real, muy real, demasiado real.
En esta ocasión no quiero desvelar mucho del argumento porque la peli no es de esas raras, snobs, que suelo comentar, y puede que algún lector vaya a verla. Además si comento demasiado puedo acabar escribiendo cosas -de mí, no de la peli- que no deben de contarse.
En las últimas escenas me acordaba de American Beauty; es un poco lo mismo, lo de siempre: el vacío, el tedio, enfrentarse a la relalidad tal cual es o huir hacia adelante, a París o a donde sea; contentarse con la vida tal como ha venido o luchar hacer locuras y por una vida que seguramente no es más que un sueño demasiado tópico para ser verdad. Seguir creyendo que somos especiales o darnos cuenta de que no es así y aceptarlo. Crecer, o seguir con 20 años y con ganas de hacer algo grande, o al menos algo distinto. Todo eso, o justo lo contrario. La gracia es esa, que es imposible saber cuál es la buena opción y al mismo tiempo es imposible vivir las dos.
En esta ocasión no he salido del cine contento por saber más que al entrar, sino por esa sensación que todos hemos tenido cuando hemos leído en Hamlet un sentimiento que nos era muy familiar pero al que no habíamos sabido nombrar, y a lo mejor ni siquiera aislar. Pero es duro verlo así de claro, porque te hace pensar mucho. Y porque además descubres lo poco original que eres, eso para un "espíritu libre" como decía el otro día S, no es fácil.
El mejor es el loco. Un papel que podría haber quedado forzado pero que entra y sale de la historia con una suavidad y una naturalidad pasmosas, poniendo palabras a lo que el público tiene en la cabeza más o menos claro.
Esta mañana, cambiando ya de tema, me ha encantado la sensación de despertarme, mirar por la ventana y asombrarme con la imagen de una nevada que al menos para mí, que no veo mucho la tele, ha llegado sin avisar. Ha nevado mucho, estaba el prao precioso.
A punto hemos estado de no poder salir, de hecho nos hemos tenido que dar la vuelta en Guadarrama porque la A6 estaba cortada. Es chula esa sensación de volver a casa, encender la chimenea y comprobar si tenemos víveres para el caso de que la cosa vaya para largo. Al final sólo han sido unas horas, pero unas horas bonitas.
Parece mentira que con el dia que ha hecho hoy, el viernes por la tarde estuviéramos jugando al golf en mangas de camisa. Este deporte está hecho para mí, porque cada golpe es un reto y porque en cuanto te lo tienes un poco creído te pone en tu sitio sin avisar, como la nevada de anoche.
Alguien me preguntó hace poco que cómo iba con la tesis. Me hizo mucha ilusión que alguien me creyera capaz de ponerme en serio, porque en algún momento hasta yo llegué a pensarlo. A cambio creo que sí va a salir el STT (Spain Today and Tomorrow).
Mientras tanto, me están entrando unas ganas locas de aprovechar las ofertas de Iberia e irme con A a Marrakesh, a Bogtá, a Miami, a La Habana, o a la Palma.
Publicado por Iñigo en 14:21 5 comentarios
Etiquetas: Las películas del domingo