Me está costando ir a ver Precious, hoy lo he intentado de nuevo pero algo le pasada a la web de venta de entradas, y no he querido arriesgarme otra vez a llegar y encontrarme la cola. He ido a ver An Education, que también estaba en la lista. En mi lista de pendientes y en la de los Oscars, creo que opta a uno de los premios gordos.
An Education es una película muy bonita, muy bien hecha, muy bien interpretada, con una música preciosa, que se deja ver muy bien. Me ha dado aún más ganas de ir a París. Me ha gustado también que ninguno de los personajes sea claro, que no se sepa bien el papel que cada quién juega en la historia y cuáles son sus intenciones. Eso me gusta porque complica la trama y porque refleja mejor la vida real, en la que todos somos a la vez un poco buenos y un poco malos, en la que nunca estamos sólo y del todo en uno de los lados.
Me ha gustado, sí, pero o hay algo que no he entendido o en el fondo la película es de una simpleza que no cuadra. Es como si el final negara u olvidara lo que ha pasado durante toda la historia, no sé si me va a resultar fácil explicarme sin destripar el argumento.
Emma Thomson, en una de sus escasas apariciones, descubre lo que parece que va a ser la clave que uno espera que la película luego resuelva o al menos desarrolle. La descubre, curiosamente, con un silencio, con un no saber contestar a la pregunta por el sentido, en este caso por el sentido de ir a Oxford. En una frase que es buen ejemplo de la calidad del guión, la protagonista responde al silencio con algo así como “no querría parecer impertinente, pero va a tener que trabajar un poco más ese argumento. Puede que a alguien más le interese saberlo”. Perfecto, precioso. Pero no está bien que eso se quede ahí, hay que desarrollarlo.
Y eso es lo que de forma sorprendente no acaba de hacer la película. Uno sale del cine con la sensación de haber sido espectador de una simple lucha entre el bien y el mal, entre el camino recto y la tentación del disfrute a corto plazo, como si ir a Oxford fuera la garantía de la felicidad. Eso bastaría si la película no se hubiera metido previamente en el jardín de dejar perfectamente claro, y no sólo en esa escena sino en otras muchas sobre todo a través del genial papel del padre, de lo estúpido y ridículo que puede llegar a ser empeñarse en ir a Oxford.
Por eso digo que se me tiene que haber escapado algo, si alguien va a verla y lo encuentra por favor que me lo diga. No es normal que primero te presenten una meta, luego la tentación de escoger el camino fácil y dejar de luchar por ella, que luego te digan que aquella meta era absurda, y que terminen mostrándote que ese camino fácil no llevaba a ningún sitio y que lo que hay que hacer es luchar por la meta (que, recordemos, era absurda) porque eso es lo que da la felicidad.
Acabo de comprobar que la película opta al Oscar a la Mejor Película y a la Mejor Actriz. Lo segundo podría ser, y además no he visto a ninguna de las otras que compiten por el premio, pero lo de mejor película no lo veo en absoluto.
Creo que fue hace dos domingos cuando fui a ver En Tierra Hostil. No hablé de ella en el blog porque me apetecía más hablar de otras cosas, ya no recuerdo de qué. Quiero decir algo ahora porque me he enterado de que es la gran competidora de Avatar en los Oscars, y como los premios se entregan esta noche no quiero que nadie me acuse de juzgar a toro pasado (Me da a mí que esta justificación muestra una extraña mezcla de vanidad con inseguridad. ¿No?)
Me gustó mucho también. Me gustó mucho porque me la creí, porque de verdad me llevó a tierra hostil. Allí, en tierra hostil, logré meterme en la piel de unos tipos que están siempre a punto de morir no se sabe muy bien por qué, y tuve miedo. Miedo de que me pegaran un tiro, miedo de dejar de vivir y de perderme todo lo que creo (y espero) que me queda por disfrutar.
En ese sentido la película, a mi juicio, es muy buena. Si su objetivo es que nos demos cuenta de que los números de muertos en Irak o Afganistán son mucho más que números, e incluso que nombres, y que cada una de esas personas que mueren es exactamente igual que nosotros, o mejor dicho, que yo, entonces objetivo cumplido. Lo que no recuerdo yo, en cambio, y puede que sea por las dos semanas que han pasado desde que la viera, es que me contara una historia. Y yo creo que para que una película sea no sólo buena sino muy buena, y que por tanto se merezca el Oscar a la Mejor Película, tiene que contar una buena historia.
De las candidatas a mejor película no he visto Precious, ni Avatar, ni The Blind Side ni District Nine. He visto, en cambio, además de En Tierra Hostil y la de hoy, Up, Un tipo serio, Up in the air, y Malditos Bastardos. Por lo que he visto y por lo que he oído de lo que no he visto, apuesto por Precious. A ver.
Escribiendo sobre En Tierra Hostil me he acordado de una letra preciosa de Brassens: “Mourrons pour des idees… d’accord, mais de mort lente”.
domingo, 7 de marzo de 2010
An Education y En Tierra Hostil
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domingo, 8 de noviembre de 2009
Celda 211
He pensado mucho en lo que me dijo J el viernes, y va a resultar que tenía razón: De forma paradójica, hay veces que cuanto más dices más mientes, aunque lo que digas sea verdad. Y hoy cada palabra, aún siendo cierta, sería una mentira.
La peli no tiene la culpa de nada, así que al menos diré que sí, que merece la pena ir a verla aunque sólo sea para pasar un rato en tensión y olvidarse del todo de lo de fuera. Está muy bien hecha, lo cual se agradece mucho siendo española, porque no estamos acostumbrados.
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domingo, 27 de septiembre de 2009
Malditos Bastardos
Iba a empezar esta entrada diciendo que "Malditos Bastardos" es buena, muy buena, pero algo me ha frenado. Porque lo es y al mismo tiempo no lo es tanto. Está muy bien hecha, de eso no hay ninguna duda, es casi perfecta: Brad Pitt está especialmente inmenso, pero todas las actuaciones son excelentes, de verdad que fuera de lo común. El ritmo es trepidante durante las dos hora y media que dura la peli, la música es buenísima, la fotografía inmejorable... ¿Entonces? A lo mejor es como ir en un cochazo por una carretera magnífica... a ningún sitio. Aunque a lo mejor no es así, a lo mejor me estoy volviendo un poco cenizo. No estoy seguro porque lo que sí me ha quedado es una sensación de crudeza real, muy real, que en sí misma puede que sea valiosa. Varias veces en la peli me he encontrado susurrando: ” hijos de puta..."
Me estoy volviendo un maniático. Nada más sentarme me he dado cuenta de que el tipo de al lado podía estropearme la película. Era un tío muy grande que tenía el brazo bien apoyado en el reposabrazos y el codo, directamente, en mi sitio. He hecho un par de amagos de empujarle, pero no ha reaccionado. Como me conozco y sé que podía pasarme dos horas sin pensar en otra cosa, directamente le he dicho que por favor quitara el brazo. Al de delante en dos ocasiones le he tocado en el brazo para que lo bajara, no soporto a la gente que llega tarde y me tapa la pantalla 5 minutos después de empezar… Hoy he salido rápido, porque de repente me ha parecido que el de al lado podía ser JM, y me habría muerto de la vergüenza.
Ha sido esta una semana muy larga, muy intensa y muy provechosa. No volví a Madrid hasta el viernes, agotado, entre otras cosas porque el martes, el miércoles y el jueves tuve almuerzo y cena. La del jueves con AT y M fue la más bonita y también la más fructífera. Primero estuvimos en la sede del Banco viendo los Solana, que no sé si me parecieron preciosos sólo por las explicaciones de A o porque realmente me gustaron. El edificio es precioso, pero sobre todo es excesivo: las puertas, los suelos, las alfombras, las paredes, las mesas... Es el culto al exceso. A estuvo gracioso toda la visita. En la sala del Consejo, la más elegante y formal de todas, dijo señalando a la enorme pantalla: “ahí es donde ven el porno” No pude dejar de imaginarlo.
Comimos en Cañadío, aunque habíamos reservado en el Bar del Puerto. A última hora cambié por el clavo que nos metieron en la cena del día anterior, que fue ahí. No vuelvo, no se come mejor que en el resto pero te cobran, exactamente, el doble que el resto. En el almuerzo hablamos de todo: de Santander, de la Fundación, de Solana, del sectarismo en la política, de los jóvenes, del miedo al compromiso,de los diarios, y sobre todo de planes que aunque parecen locuras puede que no lo sean del todo. Los dos estuvieron muy cariñosos, A llegó a decir que la que se estaba tomando era la mejor merluza que se había tomado en su vida. Se lo agradecí porque era mentira, si hubiera sido verdad no habría tenido mérito.
De los diarios hablamos mucho, es curioso pero me pareció que le gustaba hablar de ello, que no estaba harto. Varias veces, incluso, hablamos de aspectos sobre lo que parece ser casi habían discutido esa mañana. Estuvo, por ejemplo, muy de acuerdo conmigo en que su salvación son los cinco años que pasan hasta la publicación, no sé bien por qué le encantó que lo viera así. También coincidió en que la clave era el equilibrio entre estética y el contenido. En cuatro semanas sale el nuevo tomo, junto al libro “Vidarios” que sobre los diarios han escrito varios amigos.
Me ha gustado verle cómo se ilusionaba con las cosas, cómo se ponía nervioso por momentos, como se iba acelerando. Me recordaba a mí cuando al día siguiente no podía dejar de mandarme mensajes y de hablarme de cosas que sólo tendrán importancia, si es que llegan a tenerla, dentro de cuatro o cinco años como poco. Mañana como de nuevo con él, ya sin M pero con su gran amigo JMB.
Muchos amigos me están diciendo que me ven muy contento, que se me nota especialmente ilusionado. Y sí, lo estoy, ahora lo estoy notando mientras escribo. Sin darme cuenta, durante un tiempo había perdido esa pasión casi infantil, seguramente ridícula a veces, que tiraba de mí y de mí cabeza para adelante con una fuerza especial que ahora siento de nuevo. Tengo que tener cuidado para no acelerarme, es la parte mala de este estado de ánimo.
Mañana es el cumple de A. No me importa decirlo porque cuando lo lea ya lo sabrá: en el desayuno, antes de irnos, le voy a hacer un regalo muy bonito que compré ayer después de darle vueltas durante semanas, un regalo que le prometí hace mucho con la tranquilidad con la que se prometen las cosas que uno cree que nunca tendrá que cumplir. Me encanta hacerle rabiar con lo de los regalos, a ella le da igual lo que le regalen pero a mí hay pocas cosas que me gusten más que comprarle cosas, es curioso. Esta mañana, ya hasta las narices, me decía ¿Pero vamos a ver, tú para qué me haces regalos? ¿Para presumir? Le he preguntado que delante de quién se supone que podría querer presumir, y rápidamente me ha contestado: “de ti”. Parece muy profundo. muy, muy. Aún así yo creo que no, que lo hago sólo porque darle un regalo es como darle un poco de mí mismo, y eso me llena. Pero vete tú a saber.
Por cierto, ¿Recuperaremos la obra de teatro con la que estábamos? Es la segunda vez que G me hace aprenderme un papel y luego me deja tirado…
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domingo, 13 de septiembre de 2009
Mapa de los sonidos de Tokio
Había que ir a verla, estando en cartel la última de “la Coixet” no tenía demasiado sentido ir a ver otra, y eso que “Frozen River” también tenía buena pinta (luego, al salir del cine, he visto que tiene un montón de premios, así que será la del domingo que viene).
Si nada más terminar la peli me preguntan que qué tal, sin dudarlo digo que bien, que bonita… O incluso que muy bonita. Ahora bien, si me preguntan por qué, o si me dan un rato para meditarlo un poco, la cosa deja de estar tan clara. Ahora pensaba, por ejemplo, si recomendársela a A para que se la baje. No, creo que le voy a decir que no merece la pena. Aunque tampoco sabría decir muy bien por qué.
En algún momento he pensado que es una especie de historia coral de amores que en realidad no son amores, que sólo parecen serlo, que son otras cosas. En ese sentido es un poco triste, porque es un poco vacía. Sí, eso es lo que me ha parecido: vacía. Vacía de… de algo, no sé, de lo que sea que pudiera llenarla. No acaba de pasar nada, y eso no sería un problema si no fuera porque se supone que sí pasa. Me parece que no me estoy explicando, lo siento. Y tampoco quiero exagerar: la película, ya lo he dicho nada más empezar, está bien. La fotografía es muy bonita, aunque dicho así me recuerda a cuando decimos de una tía no muy agraciada que es muy maja.
“Echaba de menos su silencio”. Es una de las frases con las que empieza la película, que me ha parecido una forma muy bonita de explicar lo que da la sola presencia de alguien, aunque esté en silencio, o precisamente porque está en silencio, en un silencio que puede llenar una casa por grande que sea. Según escribo me parece que precisamente eso puede ser lo que le falte a la peli, un silencio que la llene en vez de tantas palabras que la vacían. ¿Demasiado traído por los pelos? Puede que sí.
Me ha gustado mucho la imagen de las tablillas colgadas en el templo, tablillas conteniendo peticiones y deseos. Me ha recordado al muro de las lamentaciones, y a una foto que hice allí que siempre que me ha parecido que aún estando hecha desde muy cerca llegaba muy lejos, al infinito, porque contenía decenas y casi cientos de deseos, de sueños, en realidad de vidas enteras. Es, en ese sentido, una foto profunda. A mí siempre me ha gustado mucho. Está en el álbum de Jerusalen de Picassa, es esta:
http://picasaweb.google.com/lh/photo/e_rux8Pr8yFK5k-acoc9uQ?feat=directlink
Este verano, en Córcega, no hacíamos más que preguntarnos de quién serían esos peazo de barcos que llenaban todos los puertos. Son desconocidos, pensábamos, y cuanto más ricos más desconocidos. Lo leí hace mucho no sé dónde, que los verdaderamente ricos son los que no salen en las listas de Forbes. Pues bien, el otro día en el chino del Villamagna me topé con uno o dos de ellos:
Una venezolana entrada en carnes y bastante despeinada, que claramente formaba parte del séquito del Comandante C, hablaba con un español enorme que le estaba proponiendo un negocio relacionado con el gas que requería de una inversión inicial de “sólo” 600 millones de Euros. A tal efecto estaban creando –sí, creando- un banco de inversión con unos socios panameños y rusos. Otros dos países que salieron en la conversación fueron Jamaica y Quatar. Ella tenía tres móviles encima de la mesa, y él dos. Ella no paró hasta que no consiguió que el camarero le echara un par de hielos en la copa de vino tinto que se estaban tomando. El camarero, no hay ni que decirlo, no sabía a dónde mirar. ¿Cuantos milloncejos se emblosará cada uno si la cosa sale? Más de dos y más de tres, no me cabe duda.
Mañana estoy en Madrid, pero el martes me voy a Santander y ya no vuelvo hasta el viernes por la tarde. Tenemos allí un congreso internacional sobre inteligencia emocional al que vienen los mejores expertos del mundo y al que se han apuntado ¡Y pagando! casi 400 congresistas. 200 de ellos presentarán ponencias. Me apetece mucho, A me decía cuando fui ayer a ver a mi ahijada que a lo mejor aprendo un poco y consigo ser más “emocionalmente inteligente” a la hora de plantear cosas en la familia. A ver, no confío demasiado, yo creo que para esos menesteres ya soy un caso perdido. Lo único que me da un poco de pereza son las cenas, le estaba cogiendo el gusto a eso de irme yo solo a tomarme un pescadito y una ensalada de tomate.
El viernes publicó El Diario Montañés una nota, la verdad mucho más larga de lo que yo pensaba, y con foto, sobre mi nombramiento. Es un periódico local (aunque, como me comentaba C, es importante porque lo lee el jefe) pero no deja de impresionar que lo medios hablen no ya de cosas que ha hecho uno, o en las que uno ha participado, sino de uno mismo y de su nuevo trabajo. Por un lado me gustó, no voy a negarlo, aunque por otro lado habría preferido que no publicaran nada. Es como los aplausos al principio, no hacen sino meter presión. Los aplausos, si corresponden, al final. ¿No?
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lunes, 3 de agosto de 2009
Cosas que voy a hacer (Up)
Aquí estoy, de nuevo en la terraza de Ave María, haciendo caso omiso de la decisión que tomé el pasado domingo respecto a no volver a escribir en el blog hasta septiembre. Varias razones me han llevado a hacerlo:
Primera
Antes de ayer, aprovechando la única tarde (medio) lluviosa que hasta ahora hemos tenido, nos fuimos en el tren a Zarauz con los niños a dar un paseo, a tomar un helado, y a ver "Up", el último estreno de Pixar. La crítica de El País de ese mismo día se titulaba "Orgasmo Cinematográfico", lo que evita tener que explicar el contenido
La peli es muy buena, la primera parte es a mi juicio genial, y el primer cuarto de hora -que nos hizo llorar a todos, mayores y niños- inolvidable. Además de con el comienzo me quedo con ese "Cosas que voy a hacer" con el que los protagonista titulan la segunda parte de su "Diario de Aventuras". "Cosas que voy a hacer"... Qué bonito, y al mismo tiempo qué peligroso atreverse a poner ese título delante de 10 o 12 págnas en blanco. Porque qué difícil es hacer algo, algo que verdaderamente merezca la pena. Ser creativo, o mejor aún, creador. Es el gran reto, no hay otro que siquiera se le acerque. Lo hablaba hoy con P, que ha venido a verme de camino a Fuenterrabía.
La película además descubre algo que es también muy bonito y muy verdad, y es que casi siempre esas cosas importantes son las que no lo parecen, son las que hacemos sin darnos cuenta, las más que hacerlas las vivimos. Incluso, si se me permite la licencia metafísica, "las que somos". ¿Y yo? ¿Qué voy a hacer, qué voy a vivir, qué voy a ser, a partir de ahora?
Los niños, claro, se quedaron con otro tipo de cosas, mucho más divertidas.
Segunda
Hace un par de horas, en la terraza del Ondar, AZ me repetía que lo que tenía que hacer en este blog es hablar de Deba, de lo que hago aquí, y sobre todo de ellos, de mi "cuadrilla". En broma les he dicho que no podía dejar que se supiera con qué tipo de gente voy, que no podía dejar que ambos mundos (el de Madrid y el de Deba) se cruzaran... Lo decía muy en broma.
A lo mejor vuelvo a entrar en unos días a contar más cosas, pero al menos quiero dejar eso claro hoy: valoro mucho, muchísimo, estos amigos de Deba, de Eibar, de Bilbao, con los que llevo compartiendo veranos casi 30 años. Estoy orgullosísimo de tener esta cuadrilla, y es una gozada llegar cada verano, después de un año sin vernos, y comprobar cómo seguimos teniendo cosas de qué hablar, y cómo no tenerlas (cuando no las tenemos) produce silencios de los agradables.
No sé si aquí soy distinto, creo -espero- que no. De hecho creo que lo que en Deba he vivido, que para que nos vamos a engañar ha sido mucho, me ha influido más de lo que podría parecer en quien soy fuera de Deba. Y me encanta llegar aquí y estar completamente integrado, e integrado de verdad, a los 5 minutos. Además nunca me he sentido atacado o rechazado por ser un "puto madrrrileño", ni cuando he dejado clarísimo lo que pensaba sobre lo que pasa en este país desde hace medio siglo.
Me sentía un poco raro hablándoles de este blog, porque hacerlo es como desnudarse un poco. Algo parecido se me ha pasado por la cabeza pensando que alguno de los nuevos compañeros de trabajo que tendré después de verano han podido bucear por aquí y conocer mis intimidades. Hoy me daba la sensación, no sé por qué, que alguno o alguna de la cuadrilla ya conocía el blog pero no decía nada. Seguramente es una tontería. ¿O no?
Tercera
Ayer apareció en la bandeja de entrada un correo electrónico de Paul Romer, uno de los mejores profesores que tuve en Stanford. Es economista, especialista en economía del desarrollo. Hace un par de años el New York Times le incluyó en la lista de los 25 estadounidenses más influyentes del mundo.
Me ha pedido que le traduzca una conferencia al Español, le he contestado que lo haré encantado y le he dicho que querría hablar más despacio con él, está metido en un proyecto interesantísmo de desarrollo en África y creo que puede tener muy buenas ideas. Espero que este mail traiga cola, y que el tema vuelva a parecer por aquí en unos meses.
Cuarta (Y última)
Hoy ha presenciado A una escena en Masillo que por sí sola merecía esta entrada. Masillo es el quiosco donde compramos el periódico todos los días, toma el nombre de su dueño. Hay otro, pero a ese no vamos porque es dueño es hachebero, o borroka, o como se le quiera llamar.
Pues bien, la cuestión es que ha entrado una señora en Masillo, y Masillo sin mediar palabra le ha tendido el Gara. Ella con toda naturalidad ha dicho que no, que su marido no estaba en casa, a lo que Masillo ha respondido directamente recogiendo el Gara y dándole a la señora el ABC. Sin que hiciera falta explicar más, la señora ha cogido su ABC, lo ha pagado y se ha ido tan contenta.
El ABC y el Gara en la misma casa, y sin que ni a Masillo ni a la señora parezca importarles. A lo mejor ni siquiera les parece raro. ¡Qué complicado es esto! Aunque por otro lado es tan sencillo...
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domingo, 7 de junio de 2009
Caminando (Still Walking)
¿Para qué sirve el cine? No, demasiado complicado. ¿Para qué me sirve a mí, al menos, "hic et nunc"? Me sirve para conocer otras gentes, para -cómo decía Sabina- vivir otras vidas. Para salir por un instante de Pozuelo y, por ejemplo esta tarde, darme un paseo por Japón.
Lo curioso es que vamos a Japón para comprobar que allí sucede lo mismo que aquí, que los hombres allí -y entonces, si el viaje se produce en el tiempo- se ocupan y se preocupan por las mismas cosas que aquí y ahora. Perdón, los hombres y las mujeres, que acabo de ver a la guapísima LP en la tele. Pero me estoy despistando...
Lo que quería decir es que el cine me sirve para mirar a mi propia vida, a las cosas que me ocupan, de una forma distinta. A veces ni siquiera me da una perspectiva nueva, sino sólo una excusa para pensar en las cosas, para reflexionar sobre lo que pienso, sobre lo que hago, sobre lo que vivo. Y demasiadas veces sucede, ya lo he dicho aquí mucho, que parece que la película se haya hecho para que uno vaya a verla, y precisamente en este momento de su vida. Es lo que me ha pasado esta noche. Me imagino que eso sucede cuando las películas hablas de cuestiones humanas, de cosas de las que unen a todos los hombres. ¿Y de qué habla "Caminando"? Un poco de todo, de la muerte, de la vida... Pero sobre todo de la familia, y dentro de la familia de los padres y de los hijos. Pues eso, que ni pintado.
Es una película para darle vueltas, esta sí que tiene recado. Lo que pasa es que no esta del todo claro el contenido, aunque el paquete sea precioso. Sabemos bien de lo que habla, pero no exactamente qué nos dice. No importa, no importa nada, porque así cada uno puede pensar lo que quiera. Es una película para que la vean sobre todo los hijos, y todos lo somos, y piensen sobre sus padres.
Además es bonita, algunas de las imágenes en la cocina son una preciosidad, y la escena de la cena es de las que creo que recordaré mucho tiempo, porque es de las que dice todo sin decir palabra, y sin siquiera mover un milímetro la cámara. No soy un experto pero me da la sensación de que en general la cámara se mueve muy poco, y es eso lo que da esa paz, ese ritmo que no por ser pausado deja de ser ritmo.
Yo llevaba ya todo el fin de semana a vueltas con el tema de la familia, y en concreto de los hijos y los padres. De padres en la conversación con A -no esta A sino otra, la madrina de A- y de madres yo solito, esta mañana en Cercedilla, preparando la participación en el Congreso de Mujer, Familia y Trabajo de mañana por la mañana. Así que la película me ha venido al pelo, aunque sólo sea para comprobar que en todas partes cuecen habas y que lo importante es lo importante. Si sigo así de críptico ni yo mismo voy a entenderme, pero hoy hasta me daba verguenza explicar a M cómo la felicidad residía, en buena medida, en disfrutar de las cosas tal cual son, y no pretender cambiar lo que no se puede cambiar. Es acojonante lo bien que me sé la teoría... Sólo la teoría.
Lo del congreso me ha salido, menos mal, ya lo tengo todo apuntadito. Un día de estos, cuando no se me ocurra nada, me llevaré un susto y me estará bien empleado. No es buena esta especie de confianza que tengo en que en cuanto me siente 5 minutos se me va a ocurrir algo interesante que decir, y que además quede más o menos bonito, se trate del tema que se trate. Llegará el día en que no me salga nada, y la liaré. O peor aún, el día que no me dé cuenta de que sólo se me han ocurrido tonterías. En esta ocasión estoy tranquilo porque al menos dejé muy claro (por escrito incluso) que yo no tenía ni idea del tema que se trataba, y pedí que buscaran a otro. Nunca recibí contestación a aquél correo, y lo siguiente fue ver aparecer en la bandeja de entrada el Programa con mi nombre. Así que si sale mal, ellas se lo han buscado. Yo de todas formas estoy convencido de que me han llamado a mí sólo porque D está en Irlanda.
Al final he votado, no tenía claro qué hacer. Lo único que me ha gustado de esta campaña es que no sea han cumplido las previsiones de los nacionalistas estreñidos (¿Eso se llama redundancia, no?) que decían que las buenas relaciones PSOE-PP en el País Vasco, y por tanto el Gobierno de Patxi López, no iban a aguantar la campaña de las Europeas. Parece que tanto unos como otros lo están sabiendo hacer, y mira que era difícil. Dios quiera que aguanten los cuatro años, y que luego vengan otros cuatro. Qué importante sería.
Y mañana el segundo ensayo de "La Cena": "A las doce y media de este 7 de julio de 1815, Francia es de quien la quiera".
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domingo, 31 de mayo de 2009
Déjame Entrar
Llevaba muchas semanas dudando y al final no decidiéndome a ir a ver “Déjame Entrar”. Las críticas que he ido leyendo desde que se estrenó leía no podían ser mejores, lo mismo que todos los comentarios que he podido oír, pero por otro lado no acababa yo de verme yendo a ver una película de una niña vampiro.
Al final me he decidido, y a pesar de no haberme estudiado aún el papel para el ensayo de mañana, porque no quería que me pasara lo mismo que con “Cuento de Invierno”, que cuando he querido ir ya no estaba en cartel.
Si no me he salido a la mitad es que tiene que ser muy buena para quien sepa juzgar y disfrutar este tipo de historias. Varias veces he estado a punto de levantarme, porque no acababa de entender qué hacía allí, pero he aguantado hasta el final. He aguantado porque cuando me iba a ir algo sucedía que “me obligaba” a quedarme, y así hasta el final. Y eso que le había prometido a R que le iba a tomar las capitales de Europa, y ya se me estaba haciendo tarde.
¿Eso quiere decir que es buena? No lo sé, la verdad, no tengo elementos de juicio. La historia está bien hilvanada, sí, pero como sé que los vampiros no existen me cuesta trabajo meterme y descubrir qué me quieren decir con ella el director, el guionista, o quien sea. Por qué sí parece que quieren decir algo, y algo que parece que tiene que ver con la fuerza del amor por encima de todas las cosas. Pero no estoy seguro.
Después del día que ha hecho también costaba meterse en el clima, en las imágines de Suecia con dos metros de nieve, lagos helados y temperaturas bajo cero. ¡Qué pereza! El otro me hablaba SA, que a lo mejor se viene a trabajar a Madrid desde Estocolmo, de la retribución no salarial que perdía por no tener tiempo y dinero para ir a congresos, para investigar… Todo eso vale dinero, me venía a decir. ¿Y la luz solar? Eso sí que vale dinero, pensaba. No llegué a decírselo. Espero que no haga falta, que se venga y que él mismo lo compruebe.
El viernes en Cercedilla, mientras seguía con la autobiografía de Chesterton, al levantar la vista para casi inconscientemente repasar los libros que M tiene en su casa, me topé con “El Viejo y el Mar” que no había leído. Dejé al inglés –porque era mucho más inglés que británico, por lo que parece- y me zambullí en el mar de Hemingway, que aún en una traducción pésima me atrapó por completo. Yo le tenía mucha manía a Hemingway, no sé por qué, y no había leído nada suyo, pero la historia de ese viejo luchando contra sí mismo por sí mismo me ha parecido de lo más rica, de lo más sugerente. Hace mucha ilusión descubrir a los 37 lo que todo el mundo sabe porque descubrió a los 16.
Las fotos de las praderas y de los árboles me están trayendo más de una coña, pero la blackberry da mucho juego y voy a seguir trayéndolas cuando me parezcan bonitas. Esta, por ejemplo, me lo parece:
Desde otro punto de vista completamente distinto, algo remarcable de este fin de semana es que -por fin- he bajado de los 100 golpes en 18 hoyos. A los que no jueguen esto les parecerá el típico coñazo de los de la secta del golf, pero yo estoy encantado. Fueron exactamente 98 golpes (47 en la primera vuelta y 51 en la segunda), puntuando en todos los hoyos y sin perder ninguna bola.
Estoy encantado de la decisión que tomé allá por noviembre de probara a ver si esto me gustaba. Me gusta, lo que no sé es por qué me gusta. Un día de estos que me aburra escribiré algo sobre lo que creo que tiene el golf que lo hace tan distinto de otros deportes.
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domingo, 24 de mayo de 2009
Vacaciones de Ferragosto (Pranzo di Ferragosto)
Sé que es una tontería, pero siempre he pensado que era una excepción entre el público del los Renoir. Me daba a mí que, por aquello de que las ideas se agrupan en listas cerradas, lo de ir al cine en versión original era una costumbre progre y que debía de ser de los pocos que votaran al PP, y el único que diera charlas de apologética.
Por eso hoy me he quedado a cuadros cuando nada más sentarme he oído a las señoras de al lado hablar del P.F. y de la cena benéfica para el proyecto de Tierra Santa. Ha sido extraño, porque de repente no estaba solo como siempre, casi aislado. De hecho he dudado mucho antes de pedirles que se callaran, y al terminar la peli he salido corriendo, porque me ha dado miedo que me reconocieran. Pero es que ya no aguantaba, si algo me saca de quicio es la gente que comenta lo que pasa en la peli: "mira qué mala es", "¡Otro vaso de vino...!" "Sí sí, ya verás cómo no vuelve...! Me han mirado mal cuando les he llamado la atención, pero se han callado casi del todo.
¿Y la peli? Italiana, muy italiana. Y tierna, intimista, casi íntima. No es una historia siquiera, es una foto. Una foto preciosa de una vida normal pero preciosa. Es como esas fotos de detalle, esas fotos que se acercan tanto a la realidad que descubren lo bello que hay en todo, incluso en lo que desde lejos parecía ordinario. De alguna forma es la mirada del que lo mira lo que puede hacer que sea especial. Salvando las distancias, como la pradera del otro día o como este árbol del viernes.

En este caso la mirada es la muy personal de Gianni Di Gregorio que es a la vez el director, el guionista y el actor que encarna al protagonista, que también se llama Gianni. Además es divertida, sin para ello tener que caer en la patochada, en la grosería o en la exageración, que son los recursos más fáciles y más comunes.
Releyendo todo esto me doy cuenta de que quien lo lea puede pensar que es una obra maestra, y no es para tanto. Es muy bonita, ni más ni menos. ¿Como para ir a verla? Sí, sin duda, pero en italiano porque es la típica comedia que un mal doblaje puede destrozar del todo. Sobre todo las voces de las ancianas, que en la versión original quedan preciosas pero que en cuanto se hagan un poco forzadas pueden hacer los diálogos insoportables.
Escribo esto con la tele puesta de fondo. Como castigo por ello ha aparecido de repente en mi salón el anuncio electoral del PSO, el de cura que dice que en Europa sólo cabe una religión, el del skin que dice con cara de querer matarlos que los homsexuales son unos enfermos, o de la francesa que tomando el té dice que cree en la pena muerte. "lo malo no es lo que creen, es lo que votan" termina diciendo el anuncio. Si ese anuncio no es ilegal es que la ley que regula los anuncios electorales es mala. Yo voto al PP, y considero que con ese anuncio me están insultando y además de la forma más burda.
Lo peor es que seguro que funciona, y eso no dice mucho de los motivos y las razones por las que la gente vota a un partido o a otro. No es la primera vez que usan ese recurso y si lo rescatan por algo será. Fue la famosa campaña del buldog, la del PSC en las últimas elecciones... De alguna forma es como los anuncios de detergentes, que no sabes cómo la gente se los puede creer, pero que si los siguen poniendo es porque se los creen.
Mucho más bonito es el libro que he empezado a leer, la autobiografía de Chesterton que compré hace mucho y que tenía por ahí olvidada. "Un reloj de sol sólo marca las horas soleadas".
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domingo, 17 de mayo de 2009
Genova
Hoy me he reconciliado con el plan este mío de ir al cine los domingos. Y no porque la peli sea especialmente buena, sino porque de repente me he encontrado disfrutando mucho de terminar este fin de semana largo dando un paseo por Génova, donde no he estado nunca.
También he disfrutado del paseo en moto hasta el cine, y luego a la vuelta: da mucho gusto ir sin guantes, y sentir el aire fresco pero no frío en la cara. Además, como le he puesto los cuernos al Turkito con Kentuky Fried Chicken, también he disfrutado de la subida y luego la bajada por la Gran Vía. Esto de vivir en un pueblo tiene sus cosas buenas, y una de ellas es que se disfruta más de Madrid cuando se va.
¿Y la peli? Porque últimamente una de las cosas de las que se me acusa es de contar mi fin de semana y pasar de comentar la película. Pues la peli no está mal si no se tiene nada mejor que hacer, pero nada más. ¿Algo que merezca la pena, o sobre lo que llamar la atención? Pues el comienzo, que es brutal. Y Génova, una ciudad por la que apetece perderse, una ciudad que da la sensación que sólo se puede disfrutar viviendo en ella, no visitándola. Y la angustia de la incapacidad de hacer que vuelva el ser más querido. Y la hija mayor del protagonista, que está como un queso... Y ya está, poco más. Ah, no, y la música. La música es preciosa. Y unos versos de Shakespeare leídos en un inglés gozoso.
Esa angustia de Mary me ha hecho pensar, en algunos momentos, en algo a lo que llevo dando vueltas estas últimas semanas. Se trata de la casi infinita fragilidad -si es que puede haber una fragilidad infinita - de la vida tal como cada uno la vive. De lo fácil que es que de repente pase algo que lo cambie todo, absolutamente todo, y para siempre. No quiero seguir por aquí, creo que la idea está clara y si lo pienso mucho esta noche no duermo, que me conozco
Quería haber ido a ver Ponyo en el Acantilado, una película japonesa de dibujos animados que todo el mundo pone por las nubes, pero que ya sólo ponían a las cuatro y a las seis. Tampoco lo tenía además tan claro, porque me parecía ya un exceso de snobismo ir al Princesa yo solo a ver en versión original la historia de un pececito que se queda atrapado en un bote de mermelada. Y luego verme obligado, encima, a decir cosas profundas sobre ella. No, uno tiene que ponerse sus límites
El fin de semana ha sido maravilloso. El campo está precioso, no sé si está todo más frondoso que nunca o sólo me lo parece a mí. Y la hierba tiene un color -más bien unos colores- que casi da pena pisarla con el caballo


Ha sido un fin de semana especial también porque hemos estado solos con los niños, y me ha encanto ver como R redescubre que se lo puede pasar fenomenal con nosotros y con sus hermanos. Estuvimos solos casi todo el tiempo, porque el sábado vinieron a comer A y G. Parece mentira, pero A no había estado nunca en casa. Después de comer G quiso echar un futbolín, a lo mejor tenía que haberle convencido de que no lo hiciera, entre otras cosas para ahorrarle esto:
Pobre...Yo hoy no me he bañado porque M me dijo la semana pasada que ya no estaba para esos trotes y que mi malestar gástrico podía tener su origen en la machada del pasado domingo, pero han sido los niños los que han inaugurado la temporada de verano.

Mañana o pasado escribiré algo sobre el libro que acabo de terminar, sobre el que empecé ayer mismo y sobre el discurso que Joaquín Sabina pronunció al recibir el viernes la medalla de Madrid.
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domingo, 10 de mayo de 2009
La Sombra del Poder (State of Play)
Si consiguiéramos que fueran a verla muchos chavales de 18 años, esta película por sí sola levanta la demanda de periodismo para el curso que viene hasta ponerla en niveles que sólo se recuerdan en la mejor época de "Periodistas".
Qué gusto ir a ver una película americana. State of Play es americana no sólo porque la producción es americana o porque el director y los actores son americanos; es americana por el ritmo, por la trama, por cómo según se acerca el final se te va poniendo el corazón en un puño intentando poner todo de tu parte para que al final triunfe la justicia y la verdad. No sé porqué me da a mí que esta no está subvencionada por el Ministerio de Cultura ni por el INCAA.
Y luego está esa cosa que tienen los americanos: sus periódicos, sus congresistas, sus presidentes, sus asesinos incluso... Son muy distintos de los nuestros. Por más que lo intento no me imagino toda esta historia protagonizada por Martínez Pujalte, no sé por qué. En cambio cuando veo en la tele a un congresista americano me lo imagino perfectamente metido en una de estas tramas mundiales que mueven miles de billones de dólares. Y con los actores me pasa lo mismo, a Jorge Sanz sólo soy capaz de verlo como Alejandro Sanz, y en cambio a Russell Crow me lo creo perfectamente de reportero del Globe. Y no puede ser sólo porque Alejandro Sanz sea un actor pésimo, de esos que el otro día con D comentábamos que dar vergüenza ajena. Tiene que haber algo más, pero no sé lo que es.
Hablando de actores malos, hoy me he acordado de nuestro querido C, en la expresión esa que siempre utilizaba de "periodismo de raza" y en cómo se pasa las horas en el Congreso (en el nuestro, que tampoco se parece demasiado al de Washington) intentando sacar a la luz la verdad. C se creía, y se cree, lo del periodismo de raza. Espero que haya ido a verla, y si no espero que G le diga que vaya.
Lo peor ha sido al salir, he pasado con la moto por delante de El Turkito y he visto a mi amigo, el camarero que ahora se ha quedado de jefe. Estoy seguro que con mis 5 euros semanales del Superkebab mixto no se hacían ricos, pero me da un agobio enorme haber dejado de ir. Pero es que me he dado cuenta que un kebab con extra de salsa a las 11 de la noche no puede ser bueno.
Este fin de semana además quería escribir sobre Patxi López, porque me ha parecido un muy buen síntoma que tenga cabrado tanto a Urkullu como a Edurne Uriarte. Ya que va a ser imposible (Porque lo es, de eso no me cabe la menor duda) contentar a todo el mundo, creo que su objetivo debería ser cabrear a todo el mundo por igual. Pero no, más que un objetivo eso es un indicador: si todos están igual de cabrados significa que la cosa va bien.
Además uno estaba cabreado por el fondo y la otra por la forma, lo cuál es aún mejor. De hecho si la cosa fuera al revés es que algo no funcionaba. Qué complicado lo tiene, pero qué importante es que lo haga bien. En estos días he estado a punto de escribirle para desearle suerte y para ofrecerle mi ayuda, pero al final -cosa rara en mí- me he rajado.
El que me ha sacado de quicio es Javier Elzo, al que vi el viernes en Informe Semanal después de comerme la que sin duda es la mejor hamburguesa de Madrid. Venía a decir esta especie de Sociólogo oficial del nacionalismo que lo grave iba a suceder de aquí a siete años, cuando comprobáramos cómo los nacionalistas habían digerido la traición que estaba teniendo lugar ahora. Era algo así pero mucho peor, sonaba a esas amenazas sieniestras que tan bien conocemos. Pero es lógico, Elzo es el prototipo de carrera forjada a sueldo del nacionalismo, no sé si alguien que no sea Nacioanlista y con dinero público le habrá pagado alguna vez algo... Puede ser, pero seguro que para vivir no le habría dado.
Me gustó mucho el poema de Wiskawa Szymborska con el que López termino su discurso bajo el árbol de Guernika (no voy a hacerme el guay, nunca había oído hablar de esta escritora polaca):
Nada es dos veces
Nada sucede dos veces
Y es lo que determina
Que nazcamos sin destreza
Y muramos sin rutina
Ningún día se repite,
Ni dos noches son iguales
Ni dos besos parecidos,
Ni dos citas similares
Entre sonrisas y abrazos
Verás que la paz se fragua
Aunque seamos distintos
Cual dos gotas de agua
Me encantó cuando lo oí. En seguida me fui a googlearlo y le he estado dando vueltas todo el fin de semana. Esta tarde, corriendo, he tenido por fin que admitir ante mí mismo que era bonito pero vacío, que en el fondo no decía nada.
Esta tarde ha quedado formalmente inaugurada la temporada de piscina de los Sáenz de Miera Méndez. Después de correr me he dado un baño, lo que ha producido caras largas en mis hijos durante media hora porque A, como siempre más sensata que yo, ha dicho que ni loca les dejaba imitarme
A ver qué tal se da la semana. Es corta, pero nunca se sabe si eso es bueno o malo hasta que no ha pasado. Con suerte el lunes ponemos en marcha una nuevo obra de teatro, "La Cena". Una gozada, si la cosa va para adelante no será la última vez que salga en este blog.
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domingo, 3 de mayo de 2009
El Niño Pez ( Y el niño torero)
Me tenía que haber quedado con los niños viendo Kung Fu Panda. Según iba viendo aparecer en la pantalla logotipos de instituciones que habían subvencionado la película, me iba temiendo lo peor. Y no es que haya sido horrible (de hecho he aguantado hasta el final) pero tampoco aportaba nada. Los de al lado se hacían cariñitos, pero era esa una solución que no estaba a mi alcance.


Además hoy ha sido un día duro, A me ha acusado de solucionar todos los menús añadiendo un huevo frito. Y eso no puede dejar indiferente a nadie, menos a mí.
Pero el fin de semana ha sido precioso. Creo que es la tercera vez que llega la primavera este año, aunque en esta ocasión lo que ha llegado casi es el verano. El viernes monté a caballo con IS para inspeccionar los terrenos del futuro Golf Siete Picos; hoy con R, que hace tiempo que no se venía pero que con tal de hacer algo distinto a sus hermanos es capaz de cualquier cosa. Y ayer yo solo con los perros, un paseo precioso por el pinar.

No hay una sola vez que haya pasado por esta pradera que no haya hecho una foto. Sé que es una bobada, pero no consigo dejar de hacerlo.
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domingo, 26 de abril de 2009
25 Kilates
Esta semana, debe ser por el festival de Málaga, todos los estrenos son de películas españolas.
Iba a ir a ver "El Niño Pez", una película argentina que no tenía mala pinta, porque "La Sombra del Poder" (Que sería mucho más del gusto de G) empezaba bastante tarde y dura más de dos horas. También podía ir a "The International", pero lo de la mafia de la banca mundial me ha dado bastante pereza. El caso es que no estaba fácil, hemos estado unos meses viendo peliculones pero ahora la cosa está mucho más floja.
Al final la decisión no ha importado mucho, porque la compra por internet ha fallado y al llegar al cine he descubierto que no tenía entrada. Ha debido de ser el destino, porque he terminado en esta "25 Kilates", la ópera prima de un diretor español que me ha gustado mucho. No es una gran película, no va a quedar para la historia ni mucho menos, pero está muy bien hecha.
¿Una oportunidad magnífica para no tener que escribir, no? Pues por lo que sea al final he acabado cogiendo el ordenador, es casi como si me sintiera obligado a escribir algo. Me da la sensación de que este blog pende de un hilo, que en cuanto deje de escribir un par de semanas pierdo esos 50 lectores que aún me son fieles. ¿y? ¿No es todo un poco absurdo, para qué quiero esos lectores? ¿Qué gano con ello? Si es sólo para alimentar mi ya sobrealimentado ego, tengo un problema más grande del que creía. Y sinceramente no se me ocurren muchas más razones...
El otro día me sorprendió como también esta audiencia raquítica -sólo en volumen- que tengo es capaz de reaccionar ante la calidad, aunque en este caso la calidad signifique sólo pensar un par de veces las cosas antes de escribirlas. El día que publiqué el artículo sobre Monseñor Uriarte las visitas fueron el doble de lo normal. ¿Cómo llega a suceder eso? De verdad que no lo entiendo, porque sé que unos no se lo envían a otros.
En cualquier caso me hizo pensar un poco sobre este blog. El problema es que no tiene un fin concreto, que no digo nada que pueda interesar a nadie. Le falta "propuesta de valor", como dicen ahora los entendidos en negocios. Y el poco valor que yo podría proponer requeriría mucho más tiempo del que yo dedico a esto. Pero puede que mereciera la pena, quién sabe, me parece que nos vamos a quedar sin saberlo.
El otro día los Alumni de Stanford tuvimos un almuerzo con Enrique Dans, que es el blogger en español ( http://www.enriquedans.com/ ) que más visitas tiene del mundo. Es profesor del IE y uno de los más reconocidos expertos de internet, parece ser que es uno de los que está liderando la protesta de los internautas contra la nueva Ministra de Cultura. Acabo de comprobarlo, y hoy habla del fenómeno Twitter. Dice que si no lo pruebas no puedes juzgarlo, debe ser lo que me pasa a mí porque aún no le veo la gracia a eso de saber en todo momento qué está haciendo un montón de gente. Lo voy a probar, de todas formas.

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domingo, 19 de abril de 2009
The Cherry Orchard
El sábado fuimos con el grupo de alumnos de la Escuela de Liderazgo al teatro, al teatro de verdad. Fuimos al Español a ver el estreno de El Jardín de los Cerezos, de Chejov, dirigida por Sam Mendes (Revolutionary Road, American Beauty..) En inglés.
A ellos no les gustó tanto como yo esperaba. El texto se les hizo pesado, sobre todo la primera parte. Me decían al salir que los actores les habían gustado, pero que el problema es que no pasaba nada. Pero joder si pasaba…
Yo no había leído El Jardín de los Cerezos, y el texto me encantó. En algunos momentos me recordaba a El Gatopardo, porque es la historia de la decadencia de la aristocracia y sus valores, pero en Rusia en vez de en Italia. “What do you thing about me?” le pregunta Lopajin, el comerciante rico que acaba quedándose con el Jardín de los cerezos, a Trofimov, un eterno estudiante intelectual que es una especie de precursor de la revolución. “You are neccesary” le contesta. Le Desde el punto de vista social es interesantísima. Pero como siempre pasa en Chejov hay mucho más.
“To be or to Shoot myself. This is the question” Esa es la cuestión, verdaderamente. Casi la única, la de siempre.
Creo que es Ania la que en un momento de la obra se imagina qué haría si tuviera todo el dinero del mundo: caminar, caminar sin parar durante toda la vida, peregrinando a todos los lugares santos. Esa es, para ella, la felicidad, ir hacia algún sitio. Ir, es decir, estar en movimiento, haciendo algo… Pero también haciéndolo por algo, teniendo siempre un fin que tire de uno, al que nunca se llegue para que nunca deje de tirar. “What a great Though”, le dice Varia. “What a great though”, repite. Y claro, es que el problema es llegar, ir es siempre mucho más fácil.
Andar siempre es andar, pero qué distinto es hacerlo para llegar a un sitio que huyendo de otro. Qué diferente es que tiren de ti a que te empujen ¿Verdad? Es lo que le pasa a la protagonista, a Ranevskaia. Desde murió su hijo se ha pasado la vida huyendo, y de hecho es huyendo como ha llegado al Jardín de los Cerezos; huyendo de París. ¿Y cómo termina la obra? Termina con Ranevskaia huyendo del Jardín de los Cerezos… hacia París. Como diría Sergio en Arte, muy profundo. Muy, muy.
Lo de los actores es otro rollo, otra liga, otro deporte. Ayuda que sea en inglés, todos estábamos allí un poco como los habitantes del pueblo cuando llegan los cómicos de la Ciudad. Pero yo creo que no era sólo eso, sino que verdaderamente eran muy buenos. De nuevo, muy muy. Todos, pero para mí los mejores, sin duda, Sinead Cusack y Simon Russel en los papeles de Ranevskaia y Lopajin.
Desde el punto de vista interpretativo el momento cumbre se produce cuando Lopajin vuelve de la subasta en la que ha comprado la casa en la que sus antepasados fueron esclavos y descubre que ni aún así los nobles le respetan. Cuando a gritos pide a la orquesta que vuelva a tocar, ya sólo en el escenario porque nadie quiere celebrar nada, a la señora que estaba a mi lado y a mí se nos escapó, a la vez, un “joder…” Como un susurro, pero perfectamente audible. Era, como se suele decir, teatro en estado puro.
Detrás de mí estaba sentado Almodóvar. Antes de entrar le abordé para decirle si al salir del teatro se quería venir a tomar una cañas con un grupo de universitarios de toda España que habían venido a ver la obra. Me dijo que no, claro, pero estuvo muy amable. En nuestra misma fila estaban Vigo Mortensen y Paco Valladares.
Ha sido un fin de semana interesante, muy completo en todos los sentidos. He tenido de todo, y en este caso todo bueno. Bueno, todo no porque la película de esta noche (El Viaje del Globo Rojo) no valía nada. Al menos la primera hora, la segunda no lo sé porque no la he visto.
Darse un abrazo es como tomar el sol. Y después de un invierno frío pocas cosas reconfortan más que cerrar los ojos y dejar que el sol te de en la cara. Se nota como la energía llega a todo el cuerpo. A lo mejor hay gente a la que no le hace falta, pero yo necesito sentir el sol en la cara de vez en cuando.
Hoy no ha dado mucho el sol, pero subiendo a caballo por La Molinera el viento en la cara producía un efecto similar. Nunca había subido hasta arriba del todo, ha sido precioso. 
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domingo, 12 de abril de 2009
El Curioso Caso de Benjamin Button
Hoy en el cine he vuelto a llorar. Además he llorado bien a gusto, y en dos ocasiones. Cuando se lo he contado a R, al llegar a casa, se ha reído un buen rato de mí. Ahora que lo pienso, con este tipo de comienzos no me puede extrañar que el otro día una buena amiga me dijera que no estaba de acuerdo conmigo en que este blog estuviera últimamente un poco más optimista.
La película es, a mi humilde juicio, una obra maestra. Tres Oscars me parecen pocos, aunque con una competidora como Slumdog la cosa se explica un poco más. Hay que ir a verla, y si es posible en inglés porque el texto original es precioso y está dicho en un inglés muy fácil. Son casi tres horas de película, pero se pasan volando. Igual que sucede con un buen libro, que cuando te vas acercando al final te va dando pena avanzar hacia el fin, hoy he disfrutado casi de cada escena como si fuera la única, sin pensar cuánto llevaba ni cuánto quedaba por delante.
Una película que cuenta una vida vivida al revés no puede sino hacerte pensar continuamente sobre tu propia vida. Porque este Curioso Caso es una película sobre eso, sobre la vida y sobre cómo vivirla. En varias ocasiones me ha dado pena no poder apuntar las frases, me da la sensación de que el libro de Scott Fitzgerald tiene que ser muy bueno, a lo mejor merece la pena leerlo antes de ver la película. Una de las escenas que ha hecho que me saltaran las lágrimas es de alguna forma un resumen de toda la película, cuando Benjamin le escribe una postal a su hija de 13 años con una serie de consejos sobre cómo vivir la vida.
No los voy a repetir aquí porque además no me acuerdo de memoria, pero son exactamente los consejos que le daría yo a mis hijos, a mis ahijados M y M, o a I, la nueva ahijada que está en camino. Sé que seguramente son ideas superficiales que hablan del cómo vivir y no del para qué vivir, pero es que voy a decir una herejía y algo que puede parecer lo contrario de lo que digo en mis conferencias de apologética: tratándose de la vida, casi me parece más importante el cómo que el para qué, disfrutar del camino que llegar al final. Suena un poco a Cavafis, y la clave seguramente está en entender que es precisamente el final lo que permite disfrutar del camino.
Mañana voy a echar mucho de menos a los niños, esta Semana Santa he disfrutado mucho de los tres. Ayer por la tarde, en la terraza, nos quedamos un buen rato los cuatro mirando el mar, y al terminar cerramos los ojos para traernos la imagen a Madrid, para cuando nos haga falta. Ha sido una Semana –no tan- Santa de pasear mucho, de mirar el mar, de comer helados y pinchos, de leer, de jugar a la pelota en la plaza del Kursaal, de comer pipas, de hablar con buenos amigos a los que vemos poco, y de pensar: de pensar en mi vida, en mi familia, en mi trabajo, y en lo que da sentido a todo eso, cuando hay algo que se lo da, que no siempre sucede.
En cuanto me descuido me vuelvo a poner profundo, melancólico, y a lo mejor un poco coñazo. Esta amiga anónima se estará riendo y pensando que tiene razón. Y sí, la tiene, pero es normal. Me siento delante del ordenador, veo la pantalla en blanco, y las cosas que se me vienen a la cabeza son este tipo de cosas. Más aún al ver una película como la de hoy. Son las de siempre, quiero pensar que no porque sea un triste sino porque son las importantes. Aunque a veces me gustaría más la actitud que muestra Daisy antes de morir: Le pregunta su hija: - Are you afraid? Just curious, contesta ella.
Un poco antes, recordando su vida, ella misma dice que el gran error que ha cometido en su vida era haberse pasado demasiado tiempo esperando. Me da miedo que me esté pasando lo mismo.
Como me parece que el ABC ya no lo va a publicar, esta semana traeré al blog el artículo que escribí el domingo pasado sobre el obispo Uriarte y el debate sobre el aborto. Estoy pensando en desarrollar la primera parte y escribir otro que se llamaría “En lugar del Te Deum” aprovechando una cita de Zweig que ya salió aquí hace tiempo.
En tres días me he leído 600 páginas del segundo tomo de Millenium, la novela en tres capítulos de Stieg Larsson que está nada más entrar en todas las librerías. No es nada del otro mundo, pero me tiene completamente pillado. Mucho mejor es El Maestro de Almas, de Irene Nemirovsky, que he leído antes de este. Darío Asfar es uno de esos personajes que no es fácil olvidar.
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domingo, 5 de abril de 2009
Retorno a Hansala
El cine en versión original de San Sebastián es el Cine Trueba, y da la casualidad de que está al lado de casa, a cinco minutos andando. No pensaba ir esta noche porque me apetecía más irme a correr, pero al final me ha dado miedo forzar la rodilla, que lleva unos días molestándome. Pensaba aprovechar y escribir hoy sobre Enrique V, la película de Kenneth Branagh que ayer vimos en vídeo por recomendación de JMO y que me volvió a llevar a esa especie de éxtasis que siempre me produce leer o escuchar a Shakespeare.
Retorno a Hansala nos la recomendó mucho GO. El la vió como parte del jurado del festival de cine de Valladolid, les encantó y le dieron el premio especial. Me imagino que en comparación co otras sería una maravilla, pero vista sola no es para tanto. Está bien, sí, pero tampoco es para tirar cohetes. Cuenta la historia del viaje de vuelta a Marruecos de un inmigrante que muere intentando curzar el Estrecho en una patera. Vuelve cadaver, claro, en la furgoneta del dueño de una funeraria de Algeciras que de esta forma acaba conociendo la forma de vida de las aldeas de Marruecos de donde salen los jóvenes que terminan en su "negocio".
La historia es bonita pero no acaba de aportar nada nuevo. A mí además me ha costado entrar. Me he dado cuenta en el momento más dramático, en realidad el único dramático que hay, porque sencillamente no me lo he creído y me he imaginado a la Directora detrás de la cámara diciendo "¡Corten!"
Tampoco sería normal que hubiera muchas películas españolas buenísimas. Si hay pocas en el mundo, teniendo en cuenta lo pequeño que es esto y la poca tradición e industria que hay, por lógica no puede salir más de una al año, y eso con mucha suerte. Por muchas subvenciones que se repartan, de donde no hay no se puede sacar.
Más interesante que la película ha sido la corta pero intensa conversación sobre política que he tenido después con A y con I en su casa. A es una buena amiga de la cuadrilla de Deba, una tipa muy lista. He ido a verla porque tiene algo que es muy difícil de encontrar en Donosti, aparcamiento. Cuando venimos en Semana Santa nos hace el favorazo de dejarnos un sitio que, sin exagerar, nos cambia la vida aquí.
Es cursioso como dos personas más o menos inteligentes, más o menos bien informadas y culturalmente relativamente cercanas pueden pensar tan distinto sobre... sobre casi todo. A no podía entender, por ejemplo, cómo la flamante Presidenta del Parlamento Vasco se atrevía a decir en público que ella no usaba ni usaría preservativos:
- En el siglo XXI no se puede decir eso si eres un cargo público!
- ¿Por qué?
- Porque no, que estamos en el 2009!
- Ya. ¿Y? ¿Qué pasa? ¿Está mal, es delito?
- No me jodas que tú también eres un opusino!
No acaban de ver la ganancia de este cambio de gobierno, dicen que en medio de esta crisis lo que menos necesitan es un gobierno con problemas internos y que reparta los cargos públicos a gente con los bolsillos aún vacíos. Yo creo que sea como sea, cualquier cosa será mejor que mantener durante 30 años al mismo partido en el gobierno. I en eso coincidía conmigo.
Hemos estado también hablando de Monseñor Uriarte y su preocupación por los derechos de los pueblos, porque les he comentado que pretendía mandar un artículo al ABC sobre el tema. Tampoco en eso coincidíamos ni un poquito. Aún así, porque es buena amiga, me ha seguido dejando aparcar el coche en su casa.
El año pasado, en Deba, le recomendé que se escapara a Stanford a hacer el SEP, estoy convencido de que lo aprovecharía mucho. Va a ser que por ahora no lo va a hacer, porque su industria -la automoción- está pasando un bachecillo, o eso se comenta, y porque le faltan dos semanas para dar a luz a su primer hijo.
Por delante nos espera una semana entera e San Sebastián sin absolutamente nada que hacer. Nada. NA-DA. Es raro, al principio hasta cuesta acostumbrarse. Tarda uno unos días en cambiar el chip, en relajarse y disfrutar. Y luego, cuando ya está uno hecho a ello, lo que cuesta es volver.
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domingo, 29 de marzo de 2009
El Visitante (The Visitor)
Algo que choca la primera vez que se a un cine en versión original es que cuando acaba la peli nadie se mueve. Es una de esas cosas por las que la gente dice que los que vamos a ver esas pelis somos unos snobs, eso de quedarse leyendo los títulos de crédito es es colmo de la pedantería.
Lo sería, claro, si se tratara de leer los títulos de crédito, pero obviamente no es eso. Al principio sorprende, sí, pero luego uno descubre que no es una bobada tan grande como parece. Y no lo es porque de una película buena no se puede salir de golpe, es como cuando se termina un libro: no es fácil pasar la última página y al instante, sin solución de continuidad, llamar al fontanero para ver si tiene la pieza que le falta a la caldera. Hace falta pensarlo, reposarlo, saborearlo aunque sea unos minutos, antes de volver a la realidad.
De eso se trata, cuando la película lo pide, cuando la historia logra de verdad envolverte, y sobre todo cuando - como en esta ocasión - te ayuda a pensar sobre ti mismo.
Es muy buena esta película: los personajes sorprenden, las cosas que les pasan nos enganchan porque son las que nos pasan a todos; La historia es original y muy iteresante aunque trata los temas de siempre, o a lo mejor precisamente porque los trata: el amor, la soledad, la felicidad, el vacío, los sueños, el sentido y el sinsentido, la alegría de las cosas pequeñas.
A mí me ha hecho pensar sobre todo el el mundo interior que cada uno llevamos de un lado a otro sin que nadie se dé cuenta. En el trabajo, haciendo la compra, cenando con unos amigos, en el avión... Puede parecer que somos uno más cuando no es cierto, somo verdaderamente únicos y cada uno de nosotros lleva una especie de infinito dentro: bueno, malo, divertido, trágico, triste, alegre... infinito. Todas esas cosas no se notan porque la sociedad para funcionar lo que necesita es la norma, la representación de roles preestablecidos, las sonrisas huecas.
Id a verla, en Semana Santa hay tiempo para ello. Además de Slumdog y Revolutionary Road, creo que es lo mejor de lo que hay en cartel. No he ido a ver Abrazos Rotos, y creo que no voy a ir a verla, no sé bien porqué. Por cierto, el otro día le recomende a una buena amiga a la que le gusta París "Paris je T'aime". Es para verla tranquilo, en casa, con un buen vino y los niños bien dormidos, y disfrutar de París. Uno de los cortos, "Loin du Sixieme", es magistral. Lo dice todo sin decir nada, y en menos de cinco minutos.
Venía en la moto pensando que tengo que volver a encontrar ratos para escribir entre semana, no cuento nada de las cosas tan interesantes que me pasan y que veo, y dejo temas a medias: El STT aquél no salió, cosas de la crisis. La creación de la Google University Network sí va para adelante, en cambio, pero más lenta de lo que me gustaría. Y... y poco más, la verdad.
El golf me tiene enganchado, me da más alegrías y más disgustos de lo que esperaba, y me está ayudando mucho a descubrir cómo soy, o más bien a demostrar lo que ya sabía. Mi carácter no me ayuda en el que hoy una compañera de partido ha definido como el deporte de los humildes. Si me lo dicen antes me doy al badmington.
En SS nos vamos a SS, que se corre la voz de que las heladerías ya ha abierto. A ver si en Sanse vuevo a correr un poco, me pongo en forma, me quito un par de kilos y de paso pienso en ideas nuevas. Ojalá el tiempo ayude y me pueda dar un bañito en la Zurriola después de cada carrera.
Y mientras ya pensando en julio. Como no lo remedie va a ser el primer mes de julio quedándome en Madrid. Sin Becas LIDER, sin Cartagena de Indias, sin Stanford, no sé que voy a hacer y no sé que va a hacer A. Si hubiera empezado con la tesis tendría excusa para irme dos o tres semana a encerrarme a escribir, pero tal como están las cosas no creo que la cosa cuele. Se admiten sugerencias, por supuesto.
Podría bajarme en moto hasta Toumbouctou pasando por pasando por Marrakesh, Essaouira, Nuatchok, Dakar, Bamako, Djenee y Moptí, terminar de bajar el Tajo en piragua desde Malpica hasta Lisboa, hacerme el GR-11 de lado a lado, el Camino de Santiago desde la Rue Saint Jaques de Paris, irme a la India, a la Antártida, a la selva amazónica...
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domingo, 22 de marzo de 2009
Cerezos en Flor
Esta "Cerezos en Flor" ha sido la vuelta a una película "Renoir 100%" después de cuatro o cinco de esas que me recomienda ir a ver GB. Y en esta vuelta a los orígenes he pasado por todas las fases posibles: me daba pereza ir a verla, no sé bien por qué; el comienzo me ha dado un poco de pereza porque el planteamiento de la enfermedad terminal está un poco visto; según pasaban los minutos, en cambio, me ha ido convenciendo gracias en buena medida a la fotografía, muchos fotogramas eras fotos que me habría encantado hacer a mí. Y poco a poco se ha ido desenvolviendo una historia mucho más compleja y mucho más rica de lo que en principio parecía.


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domingo, 15 de marzo de 2009
El Lector
Hoy no estoy para mucho blog.
La peli no es ni buena ni mala. Va de más a menos, eso sí; empieza bien, planteando una historia de amor y de soledad muy bonita de forma muy natural, pero toda la segunda parte no aporta nada nuevo, sólo una serie de finales sucesivos que nunca son de verdad el final. Hay momentos bonitos, muy bonitos, pero al conjunto le falta algo para ser redondo.
Pero la razón no es esa, la culpa de mis pocas ganas la tiene el piloto de la gasolina de la moto, que -por lo que se ve- no funciona.
Así que después del golf y del cine (la tarde ya había sido bastante movida) me he pasado media hora empujando la moto por la Carretera de Castilla, una buena parte cuesta arriba. Los últimos 100 metros creí que no se acababan nunca, he estado a punto de dejarla y venir a casa.
He llegado sudando a mares y con un dolor horrible de cuello y brazos. El kebab, que lógicamente se había quedado frío, me ha sentado a cuerno. Me voy a tomar un ibuprofeno y me voy a la cama.
Al menos esta semana es cortita. Por cierto, tengo que pensar mejor en esto, porque tal como decía el otro día AdM que nos pasaba a los españoles, cada vez me gusta menos trabajar. Últimamente he querido pensar que era un signo de madurez y de inteligencia, pero empiezo a no estar tan seguro.
¿Cuál será la verdadera razón?
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domingo, 1 de marzo de 2009
Vals con Bashir (Agur Ibarretxe)
Me cuesta hablar de la peli de esta noche viendo a Ibarretxe en la tele y pensando que este puede el primer Gobierno Vasco sin nacionalistas desde la transición. Ojalá sea así, y ojalá ese Gobierno dure lo suficiente como para que se rompan las redes, las inercias y los controles que el nacionalismo ha tejido durante más de 30 años. Si eso llega a suceder, y Dios quiera que suceda, las cosas ya nunca serán iguales en el País Vasco.
Un lehendakari que no sabe euskera... Qué gusto, por Dios...
Pero no lo va a tener fácil. A las tensiones que trairán las siguientes elecciones europeas y generales se añade el problema de fondo: el nacionalismo ha gastado tanto dinero durante tanto tiempo en construir una nación nacionalista, que los no nacionalistas van a tener fácil caer en la tentación de hacer políticas naciolistas para durar más de 4 años. Algo de razón tienen quienes piensen así, pero muy poca. Es cierto que no pueden empezar de golpe a cambiar el euskera por el inglés y el txistu por la pandereta, pero también es cierto que políticas nacionalistas no harían más que allanar la vuelta del nacionalismo. Y eso sí que sería una pena, este cambio para ser útil tiene que durar al menos 8 añitos.
Y si dura 8, y consigue cambiar algo, entonces puede durar 12, y 16, y 22... Y ahí, sólo ahí, estaría la solución definitiva del "problema vasco"; sacar del gobierno a quienes se inventaron la nación vasca y a quienes llevan decenios inventándose sus problemas para justificar su propia presencia.
La peli de hoy en el fondo hablaba de lo mismo. De lo estúdipo que es matar a alguien porque pertenece a una determinada nación, a un determinado grupo. La peli es un documental de animación en hebreo -espero que F no vaya- que cuenta la guerra del Líbano y la matanza de palestinos a manos de "falangistas cristianos".
Qué pena que sea tan difícl salir de la creencia nacionalista "en la que estamos" todos sin darnos cuenta, de otra forma nos daríamos cuenta de lo tonto que es, de lo imbécil que resulta atribuir a la nación y a la nacionalidad (a esa comunidad imaginada que llamaba Anderson) nada que sea esencial a la condición humanda, nada verdaderamente importante por lo que merezca la pena luchar, matar, morir.
El otro día lo pensaba en Misa, en San Sebastián. El cura repetía todas las ideas en euskera y castellano sabiendo perfectamente que todos los que allí estábamos entendíamos castellano, que nadie necesitaba para nada las palabras en euskera. ¿Porqué, entonces? ¿Porqué las azafatas tiene que decir en valenciano, cuando vas a Valencia, que te abroches el cinturón? ¿Por qué, cuando sabemos que acentuar las diferencias no lleva nunca a nada bueno? ¿Y por qué nadie se pregunta los porqués?
Y qué misterio que algo tan tonto, que una mentira tan grande, tenga tanta fuerza. Lo decíamos el otro día, que la Nación acaba incluso por ocupar el lugar de Dios.
En Sanse fui a Lagun, como siempre, y como siempre salí con tres o cuatro libros que me duran hasta que vuelvo. Esta vez me vine con otro de Zweig, "Momentos Estelares de la Humanidad", que me reomendó I. Uno de esos momentos que Zweig elige, al lado de la conquista de Bizancio, las dudas de Cicerón o el descubrimiento del Pacífico de Vasco Nuñez de Balboa, es el de la composición de la Marsellesa.
Dice Zweig: "Se extiende como un alud. Imparable en su marcha triunfal. El himno es cantado en los banquetes, en los teatros, en los clubs. Después incluso en las iglesias después del Te Deum, y pronto en lugar del Te Deum." En lugar del Te Deum...
A ver si el martes o el miércoles saco un rato y escribo algunas cosas que estoy pensando de cara al próximo fin de semana de formación de la Escuela de Liderazgo, en el que queremos abordar las cuestiones en las que más se podría estar jugándose la humanidad en este siglo. Yo ya tengo mis lista de tres, y alrededor de ellas va a girar ese programa, pero se aceptan sugerencias.
También tengo que hablar de otro proyecto que ya está en marcha, la creación de la Google University Network. Ese va a ser chulo.
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domingo, 22 de febrero de 2009
Slumdog Millionaire
¿Cómo es posible salir del cine con una sonrisa de oreja a oreja habiendo visto el retrato más descarnado de la miseria humana que uno pueda imaginar?
Miseria material, y miseria espiritual, maldad, ausencia de humanidad. Ya no recuerdo en qué otra película me pasó, no hace mucho, pensar en que -de alguna forma, y pido perdón de antemano- gracias a Dios no somos conscientes de hasta dónde pueden llegar ambos tipos de miseria en el mismo mundo que nosotros vivimos, aquí al lado.
No somos podemos ser conscientes, si lo fuéramos no podríamos vivir como lo hacemos. Sí, sabemos que existe la miseria, sabemos que hay gente que vive vidas que son verdaderos infiernos, pero -de nuevo, gracias a Dios- no nos hacemos una idea de hasta qué punto son reales, de hasta qué punto podrían ser las nuestras.
Hablando de otra cosa, sucede algo parecido con la muerte, no somos conscientes de su realidad hasta que no nos roza de verdad el corazón. El jueves comentaba con P lo duro que fue ver en el telediario la noticia sobre la muerte de Sara y Pablo, de un minuto como mucho: mueren dos personas en el Moncayo, un resbalón, montañeros expertos... Imágenes de unos enfermeros sacando unas camillas de un helicóptero, las típicas declaraciones de un guardia civil, y ya está. A otra cosa, mariposa.
Nadie puede siquiera imaginar, viendo esa noticia, el vacío que Sara ha dejado. Es imposible, ni siquiera nosotros podemos. No podemos imaginarlo, y lo que sí sentimos no podemos expresarlo. Y si uno lo piensa, con todas las muertes sucede algo parecido. No, ya sé que como Sara no hay muchas, pero cada una a su modo, todas las muertes dejan vacíos infinitos. Sí, infinitos.
Estas han sido dos muertes, pensaba yo también, más fáciles de entender y aceptar si Dios no existe. Si no existe, y quienes creemos que sí estamos engañados dedicándonos a una Misión que es mentira, son dos muertes más. Pero si existe, si tal como Sara decía Jesucristo existió y verdaderamente resucitó, si además "nos necesita" para salvar a los hombres, estonces no hay guapo que entienda nada.
Volviendo a la peli, es la leche. Hay que ir a verla. Eso sí, en versión original aunque te llamen snob. La dirección, el ritmo, los actores, la fotografía, la música... y sobre todo la historia, tanto el contenido como el tono, el estilo. ¿Es posible reirse viendo como un niño se cubre de mierda ("cubrir" y "mierda" son en este caso literales) sólo para conseguir un autógrafo de un actor que llega en elicóptero a un barrio de chabolas y luego se va? ¿Es posible que una historia así termine como termina, al estilo de Shrek? Pues sí, y encima queda bien.
Y lo gordo no es lo que cuenta, sino lo que deja ver en segundo o tercer plano, como si nada, mientras trascurre la historia principal. Las escenas que a toda prisa se dejan atrás tienen que estar muy pensadas, algunas de ellas dan para una película ellas solas. Cada uno de los extras tiene una novela, él solito, como para los 10 Oscars a los que está nominada.
http://slumdog.filmax.com/
Vaya 2009... Lo que llevamos en esos dos mesecitos daría para un par de años suficientemente intensos. Si este es el comienzo, no sé que puede pasar de aquí a verano.
Publicado por Iñigo en 14:08 4 comentarios
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