A.T. pasa todos los fines de año en Las Viñas, con algunos amigos, contando historias, viendo el fuego en la chimenea y oyendo crujir las vigas. Lo mío no es tan poético sólo porque no sé contarlo igual.
Estamos en Cercedilla, en casa de Manola. A leyendo, a mi lado; R en la habitación con un poco de fiebre y arriba el resto sin muchas ganas de dormirse. El fuego está encendido, Kira está fuera, y en el altavoz suena Ella Baila Sola. Fuera hace frío, pero hace ya días que la nieve se ha derretido. Es exactamente el tipo de fiestas de Navidad que me gusta pasar.
Llevo unos días dándole vueltas a la idea –seguramente estúpida- de que este ha sido un año perdido. ¿Perdido para qué, para quién? ¿Quién lo ha perdido? ¿Qué es no perder el tiempo? Es una pregunta difícil de responder si se plantea en serio, porque lleva directamente no ya a la del sentido de la vida, que eso siempre es interesante, sino a la del sentido de la propia vida, de la de uno mismo, que es mucho más jodida.
Porque perder el tiempo sería no avanzar en esa Misión que tenga la vida de uno, si es que la tiene y si es que además somos capaces de descubrirla. ¿No? Otra forma de verlo es que perder el tiempo es no disfrutarlo, no ser feliz… pero eso de nuevo nos lleva a lo anterior, porque ¿Qué es ser feliz, serlo de verdad?
Y cuando digo que este ha sido perdido, si lo pienso me doy cuenta de que lo digo sólo en lo profesional. Seguro que tampoco en ese ámbito tampoco lo ha sido –a veces, incluso, creo o quiero creer que es el año en el que más he crecido en lo profesional- pero ¿Y qué si así lo fuera? ¿Por qué le damos al trabajo esa importancia?
El sábado lo pensaba al pasar corriendo por la plaza del pueblo y ver, a través de los cristales del bar Sánchez, a A, exactamente igual que siempre, igual que hace 20 años cuando nos escapábamos de la librería para tomar una ración de pulpo. 20 años, que ya serán 40, haciendo EXACTAMENTE lo mismo. Y no parece importarle demasiado, aunque quién sabe… En el fondo, si no le importa, y es feliz así, será que ha sabido descubrir la felicidad no en el tener, ni en el hacer, sino directamente en el ser. En el ser con los demás, me imagino.
Me imagino que esto de ponerse profundo y un poco dramático en fin de año es poco original, porque es inevitable hacer algo parecido a un balance del pasado y pensar en qué traerá el nuevo. Y como lo midamos – lo pasado y lo futuro – en el hacer, o en el tener, o en el parecer, lo llevamos claro. Me encantaría ser como A y sencillamente ser.
Hoy he leído una entrevista a A.L que hace unos días se publicaba en El Semanal. Me ha encantado, se ve perfectamente que es un hombre sencillo, inteligente, y sobre todo libre. De gastar su vida en lo que quiere, y de decir lo que le da la gana. La entrevistadora (de repente no sé por qué lo pongo en femenino) le ha preguntado que si a veces no se deprimía. Por supuesto, ha venido a decir, muchas veces. Pero cuando me pasa me tomo un café y pienso en otra cosa, si no es imposible vivir. Qué sabio...
Tengo 37 años, ya estoy en una edad en la que tendría que haber escrito algo interesante. Pero en vez de pensar me he dedicado, para bien o para mal, a hacer. Espero al menos haber pensado bien lo que hacía.
A se acaba de quedar dormida.
lunes, 29 de diciembre de 2008
Fin de Año
Publicado por Iñigo en 13:20 3 comentarios
Etiquetas: Mi blog
domingo, 21 de diciembre de 2008
Roma
No, la película de hoy no se llamaba Roma. Se llamaba "Estómago", y era además muy buena. Nos la recomendó Gerardo Olivares, y es como para recomendar. Es distinta, es tierna, es bonita, es dura al mismo tiempo, y es brasileña. Lo de ser brasileña ayuda mucho, cualquier cosa es mucho más bonita dicha en brasileiro.
Pero ni así, cuando ha terminado la peli no podía pensar más que en Roma y en los días que allí hemos pasado: en el Trastévere ayer por la tarde, en la cena con C y P, y en el helado, y en el paseo nocturno por la Piazza Navona, en las pizzas, en el color rojizo de las casas, en A, y en el Vaticano. Sobre todo el Vaticano.
Aunque me dé verguenza admitirlo, yo no había entrado nunca en el Vaticano, siempre lo había visto desde fuera. Y cuando he entrado hoy a las siete de la mañana para ir a la primera comunión de G, me he quedado sin habla. No sé si ha sido el tamaño, la grandiosidad, la luz, la perspectiva... no sé, era el conjunto. Me he quedado parado mirando al frente, y luego a la derecha: "La Pietá", me dicho A, y me he acercado a verla.
No teníamos mucho tiempo, y rápidamente hemos bajado a la Capilla de los Irlandeses, donde el P. R y el P. L. nos iban a decir Misa. Nuestra capilla era una de tantas, todas llenas de grupos, de familias, celebrando Misa. Era algo muy especial, a veces no se oía al Padre o a quien estaba leyendo porque los cantos de una capilla de al lado tapaan su voz. No importaba, era precioso. Qie ahora me acuerde se oía un Adeste Fideles en algo que parecía alemán, y una familia americana que cantaba fenomenal.
Pero no sólo era abajo, en las capillas. También arriba, en cada altar había un sacerdote celebrando. Uno de ellos me ha llamado la atención porque sólo lo hacía para dos personas. Cuando hemos vuelto a subir, después de una Misa que ha sido una preciosidad, D ha conseguido que me diera cuenta porqué estaba como atontado. "Esto es el centro del mundo", me ha dicho. Y me he dado cuenta de que eso precisamente es lo que estaba sintiendo desde el primer momento, desde que una hora antes había cruzado la puerta. Era una sensación muy parecida a la que hace cosa de tres años en Tierra Santa, si esto es verdaderamente el centro del mundo Jerusalem es el centro de la Historia.
Ya van dos años que empezamos la Navidad con un viaje a Roma. No es una mala forma de empezar, la verdad. El año que viene me gustaría repetir, porque creo que me queda mucho para cansarme de Roma, si es que eso puede llegar a suceder. Y además porque me ha quedado pendiente la visita a los Museos Vaticanos.
Y para que nadie piense que A (la otra A) no cumplió con la petición de su hermano, mañana copiaré aquí el comentario que no quiso mandar sobre la película "Buscando un Beso a Medianoche" de la que yo no quise decir nada.
Publicado por Iñigo en 14:38 1 comentarios