Uff... Joder con la peliculita...
Ana ha estado a punto salirse a la mitad, y al terminar tenía dolor de cuello por la tensión. Me sigue costando creer que la misma persona haya podido dirigir "Cinema Paradiso" y esto. "Esto", por cierto, va a representar a Italia en los Óscar.
Siempre he dicho que las películas de terror no me gustan. No me gustan porque no suelen dar miedo, y entonces me aburren, pero aún me gustan menos si dan miedo, porque no me gusta tener miedo.
No ha sido el caso porque, aunque se esté continuamente en tensión y haya muchos momentos en los que no sea fácil mantener la mirada en la pantalla, "La Desconocida" no es una película de terror. No tiene el objetivo de hacer pasar miedo, ni siquiera de provocar tensión. La película quiere contar algo, quiere contar la historia verdaderamente dramática -es decir con drama, con argumento - de una mujer que tiene un pasado y que "ha cometido el error" de pensar que puede tener un futuro.
Es una película sobre el sufrimiento y sobre la capacidad de sufrimiento, que cuenta algo que de ser real se podría parecer mucho al infierno en la tierra, si es que eso existe. No sólo es dura por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta; Ana dudaba, al salir, si tanta crudeza era necesaria, y yo creo que sí porque el tono tiene que ser coherente con el fondo para que el fondo sea creíble, o para que nos toque de la forma que nos tocaría si fuera verdad.
Buena parte de la tensión viene dada, creo, porque el Director te obliga continuamente a meterte en el personaje y en los pensamientos de Irina, porque nunca sabes qué está haciendo y menos aún porqué lo está haciendo. Sólo al principio resulta artificial, porque no pasando nada especial la música es del estilo de la de la escena de la ducha de Hitchcock. Sería divertido pasar los primeros 10 minutos con Mamma Mía, a ver qué pasa.
Pero el final, o más bien el tipo de final, se presiente casi desde el principio. Algo hay en las miradas de todos ellos que te hace pensar que no es sólo lo que parece, aunque ni siquiera sea fácil tener claro qué es lo que parece. También decía la crítica de El País -pido perdón por el plagio, si esto lo es - que es una película con trampa para el crítico, porque no se puede decir prácticamente nada sin destrozar el argumento.
¿Es real? ¿Es posible vivir tanto sufrimiento, y actuar de esa manera a causa de ese sufrimiento casi (quitad por favor el casi) infinito? Y la pregunta en el fondo no es tanto si es posible, sino si sucede. Para que una película sea buena tiene que hablar de la realidad, de cosas reales, de sentimientos reales, de ideas que existen.. Yo desgraciadamente creo que sí sucede, que hay personas que sufren infinitamente. Lo que pasa es que sólo imaginarse el tipo de situaciones que producen ese tipo de sufrimientos duele.
Y entonces ¿Tiene caso ir al cine para ver algo así? No lo sé, pero a mí me ha gustado ir. No lo he pasado bien, si por pasarlo bien entendemos divertirnos, pero lo he pasado bien y he aprendido algo.
Además de camino a los Renoir, en la moto, se me ha ocurrido la charla que mañana por la mañana tengo que dar en el Curso de Inmersión de Excellens, en El Escorial. Al llegar he pedido en la taquilla papel y boli (recado de escribir queda más literario) y me he ahorrado el madrugón. No deja de ser la misma idea de siempre, en otro orden, con otras palabras y con otro motivo. Sólo me tranquiliza la convicción de que es verdad.
domingo, 28 de septiembre de 2008
La Desconocida (La Sconosciuta)
Publicado por Iñigo en 14:00 1 comentarios
Etiquetas: Las películas del domingo
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Llevaba varios días evitando el momento de enfrentarme por primer vez al blog. Sin película que comentar, y sin el halo especial que da escribir desde Stanford, la presión de decir algo que interese a alguien tanto como para volver otro día es muy fuerte. Siempre he dicho que como mejor trabajo es bajo presión, pero no las tengo todas conmigo.
Ya se me ha pasado la lesión del tobillo y ayer y hoy, corriendo, no he hecho más que pensar si escribir sobre cuestiones supuestamente sesudas -nacionalismos, movimientos sociales, universidad... -, sobre cosas del día a día, o sobre temas más personales. Éstas últimas son las que más me atraen a mí, pero se supone que no escribo para mí. O sí... qué sé yo, qué más da.
Ésta ha sido una semana rara.
Qué complicado es vivir pretendiendo encontrar siempre un sentido a lo que haces, intentando en todo momento entender en qué lugar de qué camino estás, y hacia donde te diriges. En las charlas del J.H. Newman se supone que intento convencer al público de lo contrario, de que es imposible vivir sin preguntarse para qué se vive, pero últimamente no estoy tan convencido.
Si me cuesta a mí encontrar la paz profunda que da saberse en el sitio adecuado y en el camino correcto, qué no le costará a quienes se les rompe la familia, a quienes no tienen trabajo, a quienes tienen un jefe cabrón que les hace la vida imposible, a quienes se pasan 8 o 12 horas al día en un trabajo que sólo hacen por el mísero dinero que les dan a fin de mes. Yo lo tengo todo, todo, y aún me encuentro como un idiota buscando "más", sintiendo que "algo me falta". Parezco Cristina, la de la peli, pero en feo.
Qué importante es tener algo que dé sentido a lo que hacemos independientemente de lo que hagamos, algo que no cambie, que nunca deje de estar ahí, pase lo que pase. Algo que además sea alguien, para que merezca la pena de verdad gastar la vida en él... Sabemos que es importante, pero no nos ocupamos de encontrarlo, o cuidarlo: una de las grandes parajodas de la vida.
Relacionado con esto, no dejéis de echar un vistazo a este vídeo que me ha enviado M, es largo pero merece la pena al menos empezar a verlo: http://www.youtube.com/watch?v=hKRgLvmamUY
Como en el minuto de silencio y el aplauso final, sobre todo el aplauso, "para apoyar a la familia" del militar asesinado por ETA. Menos mal que la fe nos salva, en este caso de hacer el imbécil; porque lo de los minutos de silencio, si no es para rezar, no acaba de tener mucho sentido. Sólo sirve, en todo caso, para dejarnos tranquilos por no poder hacer nada más o por no hacerlo. El padre de Juan Antonio, en la película del domingo, se venga del mundo no publicando las geniales poesías que escribe. Es un poco la misma tontería, pero llevada al extremo.
También ha sido una semana rara en lo climatológico: pocas veces pasa que la llegada del otoño coincida con la llegada del otoño, pero el lunes pareció que sí iba a suceder, y el día cobró un encanto especial.
Volviendo de la Universidad, en el coche, lloviendo a mares y escuchando fados -qué me estaría pasando por la cabeza - me entraron unas ganas irresistibles de llegar a casa, encender la chimenea, y sentarme a leer "Casa Desolada" al lado del perro escuchando música clásica hasta altas horas de la noche. El encanto duró poco porque no tengo chimenea, no tengo perro, casi nunca escucho música clásica y al llegar a casa R no paró hasta conseguir que subiera a jugar al futbolín hasta la hora del baño.
Y en cambio ayer, aprovechando que A salió a cenar con unas amigas -está hecha un pendón, tendré que tomar medidas - los niños y yo pudimos darnos el que pensamos que iba a ser el último baño del verano. No lo fue, porque hoy hemos repetido pero con premeditación, alevosía, y testigos presenciales.
En esos ratos con los niños, que te exigen el 120%, sí que desaparece el resto del mundo. Ellos lo llenan todo, y en esos momentos no hace falta nada más, nada, casi ni sentido.
(Gracias de nuevo a R, en este caso por introducir la aplicación para suscribirse al blog y el contador de visitas. Prometo no molestar más, a ver si ahora el contenido está a la altura del continente)
Publicado por Iñigo en 15:22 2 comentarios
Etiquetas: Mi blog